
Viajé a Cuzco, Perú para participar en la ceremonia del Inti Rami, la fiesta del sol que la realizan los cuzqueños el 24 de junio. Al llegar a Cuzco me hospedé con una familia de origen quechua que me invitó a celebrar al día siguiente de mi llegada, es decir el 21 de junio,el solsticio de invierno. Nos levantamos muy temprano y nos dirigimos a Quenko un centro ceremonial inca que se encuentra a tres kilómetros de Cuzco. Quenko significa laberinto en lengua quechua. Al llegar allí escalamos un monolito de piedra a través de escalinatas labradas y talladas que nos conducían al Intiwana, el observatorio astronómico construido por los Incas. Varias personas se congregaron alrededor de este observatorio que consistía en dos piedras totalmente circulares distanciadas en ochenta centímetros una de la otra aproximadamente. Le pregunté a un cuzqueño porque la gente se conglomeraba entorno al observatorio, me respondió que esperaban con el movimiento del sol y su posicionamiento en las dos esferas la revelación del puma. El sol se levantaba al horizonte emitiendo unos rayos suaves. Veníamos a festejar al sol como fuente de vida pero también a evidenciar si en el tiempo venidero habría tiempo de fertilidad y abundancia para la tierra cuzqueña. Un grupo de personas se reunió en la parte llana de Quenko para hacer una ceremonia. A medida que el sol se iba levantando, se escuchaba la flauta cuyo sonido se expandía sobre esas montañas andinas y el tambor acompañaba el ritual de esparcimiento del incienso y el inicio de una gran hoguera. Un coro de voces rendían homenaje a este astro sol que ayuda a la fertilidad de la tierra madre, la Pachamama, y da resplandor a todo lo viviente. Era un ritual de agradecimiento y reconocimiento de todos los beneficios del sol a través de la música, el incienso, el fuego como elementos de renovación espiritual para cada uno de los asistentes.

Mientras tanto, los que estábamos reunidos alrededor del Intiwana veíamos como los rayos de sol se iban desplazando entorno a las dos esferas. A las ocho y cinco de la mañana, el sol cubrió completamente las dos esferas dando forma a los dos ojos del puma porque alrededor de las esferas las sombras configuraban el rostro del felino. Todos saltaron de alegría y se abrazaron. La manifestación del felino en este día del solsticio prometía un año de prosperidad para la fertilidad de la tierra y el bienestar de los cuzqueños. Si alguien me lo hubiese contado quizás no lo habría creído pero entre la luz solar en las esferas y el contorno de las sombras se configuró bien el rostro de un felino.

Al descender del Intiwana, me acompañó un guía para mostrarme el sitio de Quenko. Una vez abajo me llevo por un pasaje en forma de laberinto que conducía a una galería subterránea. Accedimos bajando tres escalones, los tres escalones podían bien significar lo que regía la vida espiritual de los Incas. Es decir, su relación con el mundo de arriba (Hanan Pacha); con el mundo terrenal ( Kay Pacha) y con el inframundo (Uku Pacha). La cámara subterránea hacía parte de la gran roca del monolito de piedra cáliza y tallada. Según el guía pudo haber sido la sala de sacrificios donde se embalsamaban los cadáveres o se realizaban los sacrificios humanos o de animales. Para proceder a la momificación, al cadáver se le cortaban los cartílagos de los músculos de los brazos y de las piernas; y así se podía poner en posición de cuclillas. El cadáver se colocaba en nichos por un tiempo antes de ser enterrado. A veces, el jefe inca desenterraba la momia de un jefe importante para la comunidad y la llevaba de gira por entre los pueblos durante la celebración de las fiestas sagradas.

Continúamos el recorrido y llegamos a un lugar llamado Puca Pucara que significa en lengua quechua « Fortaleza Roja« . Según me explico el guía este lugar cumplía la función de retén y control territorial por su ubicación geográfica que comunica con varias ciudades del territorio peruano. Por este control pasaban mercaderes, chasquis (mensajeros) y comitivas administrativas que llegaban allí para reposar antes de continuar el viaje. Por lo tanto, el lugar también era un tambo, sitio de reposo. Puca Pucara tiene una construcción por niveles. La parte alta donde había una gran plazuela era para vigilar el territorio ya que este lugar está rodeado por una cadena de montañas magníficas. La parte baja orientada por senderos de piedra llevaba a las habitaciones y baños para estadías de corto plazo. En otro sector de la parte baja estaba la garita del control administrativo y de retén. Se dice que los chasquis o mensajeros encontraban en este lugar su relevo para continuar llevando los mensajes.

Continuamos el viaje hacia la ciudad de Tambomachay. Esta ciudad es conocida por los baños del Inca porque era una ciudad templo del agua donde se pueden apreciar los canales, acueductos, y fuentes de agua constantes durante todo el año. Se dice que el Inca se quedaba en este lugar cuando venía de caza. De allí fuimos a visitar un lugar donde había diferentes tipos de camélidos como el guano, la llama, la alpaca, la alpaca bebe, la vicuña. La vicuña es el animal emblemático del Perú. Los artesanos peruanos se sirven de la lana de estos animales para elaborar unas mantas, ponchos, suéteres y muchas otras prendas más que hacen del trabajo artesanal un aspecto muy ligado a la cultura peruana andina.

El 24 de junio día de la fiesta del Inti Rami, me dirigí a Coricancha en el casco antiguo de Cuzco donde se da inicio a la ceremonia de reconstitución histórica de la celebración al Dios Sol de los Incas. En Coricancha, Atahualpa con su bastón de mando se dirigió al Dios sol para agradecer por la fertilidad de la tierra y para invocarlo sagradamente. De allí, todos los grupos amerindios provenientes de todo el territorio peruano con el colorido de sus trajes tradicionales y la diversidad de ritmos musicales y por supuesto de danzas se van dirigiendo a la plaza mayor de Cuzco. Los últimos en llegar a la Plaza Mayor fueron Atahualpa y su mujer La Colla. Cuando Atahualpa subió al trono que le tenían preparado acompañado de un chaman iniciaron un acto de agradecimiento al Dios Sol. Posteriormente, Atahualpa se dirigió al Tihuantisuyo compuesto por los mandatarios del suyo del norte; del suyo del sur, del suyo del este y del suyo del oeste del territorio peruano. Básicamente imploró a los gobernantes de cada suyo, ser honestos, pensar colectivamente y no individualmente, hacer el bien y trabajar por la abundancia para la comunidad. También resaltaba los errores y problemas que hacían difícil la vida en los diferentes suyos para que los gobernantes y la gente trabajará por el bien común.


Una vez terminada esta celebración, la ceremonia sagrada del Inti Raymi continúaba en la ciudad de Sacsahuayman. Es la ciudad más cercana a Cuzco, configura con Cuzco la figura del Puma porque los Incas configuraban sus ciudades de acuerdo a sus animales sagrados. Sacsahuayman significa cabeza jaspeada. En el conjunto arquitectónico de Sacsahuayman se pueden apreciar muros en zigzag constituidos de piedras megalíticas y bases de torreones muy altos. También hay templos ceremoniales, una laguna artificial y un rodadero que es resultado del deshielo de un nevado. En la gran explanada de esta ciudad se escenifica la fiesta del Inti Raymi. A lo largo de la ceremonia sagrada hubo momentos mágicos, como por ejemplo, al iniciarse la celebración, de los cuatro puntos cardinales de la ciudad salieron los dirigentes de los suyos con sus comitivas descendiendo de las montañas en sus trajes ceremoniales; cada grupo entregaba una ofrenda a Atahualpa en honor al Dios Sol. El desfile de las doce diosas del sol que llevaban canastos de flores insinuando con los movimientos de sus brazos el ofrecimiento de las flores al Dios Sol. El silencio que por unos minutos invade ese gran espacio cuando Atahualpa pide al Tihuantisuyo un momento de recogimiento y adoración al Dios Sol. Finalmente, el sacrificio del corazón de la llama como ofrenda al Dios Sol. Toda la ceremonia revela un aspecto sagrado de esta cultura inca que aún sobrevive en las tradiciones de los pueblos amerindios de los Andes de Suramérica.


Al día siguiente, me fui a un pueblo llamado Ollantaytambo, situado a tres horas de la ciudad de Cuzco. De este pueblo sale el tren para visitar Machu Picchu. Este pueblo rodeado de montañas con sus calles empedradas y sus casas de piedra caliza es un verdadero encanto. Al marchar por sus calles laterales vamos escuchando el ruido del agua que desciende por canales hasta el rio Urubamba. El hotel donde me hospedé tenía unas vistas fabulosas de la montaña Pinkuylluna y de la ciudad Inca de Ollaytatambo, ubicada en la montaña Incahuacama.El nombre de la ciudad viene de un dirigente Inca llamada Ollantay, y Tambo significa lugar de descanso. En este lugar solían descansar por unos días los que atravesaban el valle sagrado de los Incas en el siglo XII y XV d.c.

En la montaña de Pinkuylluma cuando el sol cae en la tarde se puede apreciar el perfil de un hombre viejo que lleva enlazado al cuello un cordero. Según la leyenda, los Incas esculpían los rostros de viejos y de los animales sagrados en las montañas porque creían que al morir su espíritu regresaría a la montaña.

Al día siguiente de mi llegada fui a visitar la ciudad Inca de Ollaytatambo. Se sube a los lugares sagrados y habitacionales a través de las amplias terrazas agrícolas construidas con la técnica de ingeniería inca, es decir, que por su dimensión e inclinación se evitaba que hubiese deslizamientos de tierra en caso de lluvia. Una vez en la parte alta, me dirigí a un lugar sagrado considerado como tal por la calidad y tipo de piedra caliza y lisa. Desde allí se tiene una vista amplia del valle sagrado y de la montaña de nieve perpetua, llamada Walca Willca,es decir lágrima de sol. Cerca de este lugar estaba el reloj solar que era utilizado por los incas para establecer el calendario de las cosechas y la recolecta agrícola. Me dirigí hacia los graneros muy cerca de los cuales parece ser vivían también los agricultores. Viviendas hechas de arcilla y muy rusticas.

A la mañana siguiente, me dirigí al mercado para tomar el colectivo que me llevaría a la ciudad de Pisac, segunda ciudad Inca mas importante después de MachuPicchu. El camino hacia Pisac bordeaba el rio Urubamba, este camino del valle sagrado llamado Apinkuilluna va recorriendo los pueblos de Yucay, Huayllabamba donde se encuentra la zona arqueológica de Urquillos, Calca, Huachuy Cosqo, Coya y Pisac. Desde el pueblo de Pisac a la ciudad Inca hay 30 kilómetros de distancia así que tomé un taxi para llegar allí. En Pisac encontramos el cementerio Inca más grande de todo el Tihuantisuyo. En los años 1940 y 1950 las tumbas eran saqueadas por exploradores alemanes que buscaban los objetos de oro en estas tumbas. Por esta razón, el gobierno peruano decidió cerrar el acceso a esta montanña en 1970. Subimos la montaña hasta alcanzar los 3800 metros de altitud, de allí veíamos las montañas tan altas como en la que estábamos y el valle bañado por el rio Urubamba de tierras agrícolas muy fértiles. Comenzamos a descender durante una hora y nos encontramos con la ciudad Inca de Pisac. Una de las ciudades Incas mejor conservada e importante como centro ceremonial. En esta ciudad se encontraba un reloj solar bastante grande y alrededor un templo solar y un templo al agua. Allí me senté a escuchar el murmullo del agua mirando esas grandes terrazas agrícolas que el sol acariciaba suavemente y yo me sentía como en un sueño del cual me resistía de salir. Evidentemente, en esa área se veían las canchas donde habitaban los agricultores. Las terrazas agrícolas ocupaban una gran parte del territorio y según el guía allí realizaban experiencias agrícolas. Descendimos de la ciudad inca por entre los caminos que bordeaban las terrazas agrícolas hasta llegar al Pueblo de Pisac. Allí nos encontramos con la feria artesanal de prendas tejidas en lana de Alpaca, joyería y cerámica. Una variedad de objetos de gran color y belleza. Regresé tarde a Ollaytatambo y al día siguiente madrugé para ir a MachuPicchu.


A las cinco de la mañana, tomé el tren en dirección de Aguas Calientes porque desde allí se toma un autobús que nos conduce a la ciudad de MachuPicchu. Al llegar a MachuPicchu a las 7h30 de la mañana, unas gruesas nubes cubrían la ciudad, nubes que se desplazaban como velos hasta dejar al descubierto el resplandor de esta ciudad. Lo impresionante de estar allí es verse en la cima de una montaña donde hay construcciones en piedra que debieron implicar grandes trabajos para quienes lo hicieron. Antes de visitar la ciudad fui a escalar la montaña joven conocida como Wayna Picchu. A medida que íbamos escalando esta montaña, el guía nos mostraba las plantas utilizadas para calmar el malestar y dolores de los diferentes órganos del cuerpo. Ascendimos a los 2660 metros de altitud. Desde allí veíamos la ciudad de MachuPicchu trazada con la forma del Cóndor.

Descendimos antes de que las nubes envolvieran la montaña y perdiéramos visibilidad, lo cual podría ser peligroso porque el camino era estrecho y pedregoso. Comencé la visita de MachuPicchu allí donde hay un bloque de una piedra negra caliza parecida al mármol que es una muestra del tipo de piedra utilizado para construir los templos Incas y los observatorios astronómicos. Luego fui a visitar las canchas, es decir las viviendas de los dirigentes Incas y chamanes. De allí, tomé un camino que me conducía al sector de los templos : el templo del sol, el templo del agua, el templo de las estrellas. También un espacio con nichos donde solían colocar elementos sagrados para las ceremonias religiosas. Continúe caminando y encontré una cuesta que llevaba a los graneros y a las terrazas agrícolas. Por las terrazas había un camino que daba acceso al observatorio astronómico que en MachuPicchu es verdaderamente imponente. En la parte superior del observatorio estaban las esferas que les permitía seguir el cálculo de la rotación del sol. La vista de la ciudad desde la parte alta deja interrogantes sobre la manera cómo llegaron a construir esa ciudad. Fue algo maravilloso estar allí, sintiendo la energía del lugar rodeada de esas altas montañas andinas a las cuales se llega a través de una vegetación exuberante. Las nubes cubren la ciudad rápidamente y a eso de las cuatro de la tarde comenzó a llover y tanto la naturaleza como los administradores del lugar daban la orden de salir a los innumerables turistas que la visitan. Así terminó mi viaje por el Valle Sagrado del Cuzco.


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